miércoles, 21 de septiembre de 2011

Inspiración

Tomás escribía para una revista capitalina. Le gustaba su trabajo. Siempre se había sentido afortunado de poder expresar, tan fácilmente, sus ideas en papel y a la vez tener la suficiente inspiración para escribir sobre todos los temas posibles. Tomás poseía la increíble habilidad de detenerse, como quién detiene el tiempo y ver a su alrededor. Lo veía todo tan claro, con luces brillantes y la inspiración le brotaba a borbotones con solo ver un objeto. Una taza de café negro concibió el cuento corto “Uno antes de Partir”, lo que le deparó elogios sin parar. Una media sucia la convirtió en un cuento lleno de referencias a la soledad y a la irresistible posibilidad de una muerte liberadora. Su crudeza le valió la entrada a un prestigioso taller de escritura, con lo más granado de la corriente literaria. Se titulo “Telas Rotas”.


Y es que para los títulos tenía una habilidad innata. Su columna en la revista se llamaba “Crónicas de la Levedad” rimbombante y minimalista a la vez. Perfecto. Era una máquina de contar. Recientemente había virado su atención a la escritura de guiones y le pareció interesante ver como su habilidad para sacarle contenido al objeto más mundano, fuera tan útil en las imágenes que evocaba en sus diálogos mezclados con indicaciones de cámara y a los actores. Iconos de la mundanidad, pensó, rápidamente naciendo un nuevo cuento. Tomás era, realmente, un gran escritor inspirado.


Al llegar a la redacción, con un paso pausado pero confiado, entro en la sala como quién entra a una jaula de leones. Estos leones envidiosos escondían su condición con un odio exacerbado que Tomás entendía a la perfección. Los diagnosticaba sin ningún problema, puesto que ser un buen cuentista radicaba en el hecho de ser un psicoanalista sin titulo, y ellos eran tan simples que los leía como un libro abierto.


Ahí estaban sus colegas, viéndolo llegar. Tenían la impresión de que vivía en cámara lenta, pero entregaba sus trabajos con una rapidez pasmosa. Lo odiaban, pero en realidad se odiaban a sí mismos, por no haber nacido como él, un iluminado por la inspiración. Todo le daba inspiración.


Contar su proceso era tan difícil para Tomás que optaba por mentir. No se de donde viene, decía, o volvía a mentir: mi secreto es la lectura, solo eso, mis influencias. Se sentaba enfrente de su máquina (odiaba las computadoras, las creía impersonales) y colocaba las palmas de las manos sobre el escritorio frío por el aire acondicionado.


Lo que sucedía después tenía poco que ver con sus estudios en letras, los incontables y aburridos talleres de escritura creativa o las palabras de consejo (disfrazados de falsa modestia) que los estimados escritores de la capital le daban, a los cuales él desechaba rápidamente por que no sabían la verdad.


Las razones de su inspiración, la “verdad” como se decía a sí mismo Tomás, eran incomprensibles para él. Apenas empezaba en el mundo de las publicaciones, era joven, pero siempre pudo hacerlo. Los trabajos de Lengua y Literatura los hacía en 5 minutos. 16 páginas en 5 minutos. 28 en 10. 50 en 25. Su tesis (Existencia y pluralidad: Ricardo III, la cavilosidad del Rey jorobado de Shakespeare y su relación con la novela histórica de Francisco Herrera Luque) la escribió en tres días. Las 556 malditas páginas con referencias y citas textuales de ambos autores, en 72 horas. Se tardó por los horarios impredecibles de la biblioteca universitaria.


Ahí donde estaba Tomás, con sus palmas frías sobre el escritorio, sintió la electricidad. La había sentido antes. Siempre que escribía. En seguida todo lo que veía estaba cada vez más lento, hasta el punto de la detención total. Tiempo y espacio no pasaban, se detenían ante él. Empezaba a experimentar un cosquilleo producido por miles de millones de sinapsis nerviosas que viajaban a miles de centésimas de nanosegundos por su cerebro: El jugo se estaba espesando, decía Tomás, y de inmediato sucedía.


Los objetos a su alrededor cobraban un halo de importancia tal, que brillaban con miles de colores brillantes, destacándose sobre los demás. Su encéfalo enseguida los categorizaba, soltando miles de voltios de energía, transformados en datos que caían en cascada. Un lápiz, un bolso, un labial, un tacón, estantes, un broche, zarcillos, cajas, cajones, no, botas, papel, botellas, periódico, lentes, audífonos, rejillas, cigarrillos, encendedores... y ahí estaba. Lo había pasado por alto pero ahí estaba de nuevo, brillando como nunca antes: el titulo de su próximo cuento apareció enorme en caligrafía oriental sobre él: “El broche”. Sus dedos se separaron de su posición fija junto a la maquina y golpearon. 1542 veces hasta dar con su nuevo cuento: El Broche.


Habían pasado 3 minutos. 3 minutos y ya estaba listo. Saco los papeles de la máquina y los entregó a la secretaria de redacción. Ni un sólo error detectó el corrector. El corrector nunca revisaba la obra de Tomás, pero una apuesta del pasante lo hizo hacerlo esta vez. Perfecto, desde el titulo hasta el punto y final. “Paga” dijo el corrector y el pasante pagó. Así se redondeaba el sueldo todos los meses.


Al salir de la oficina (su jornada terminaba así, 45 minutos en tren hasta el trabajo, 5 minutos esperando al ascensor, 1 minuto subiendo, 2 minutos de caminar hasta su escritorio y 3 de trabajo real) sacó un cigarrillo y lo colocó en sus labios. No lo encendió hasta salir de la oficina.


A la mañana siguiente volvió la rutina. Su paseo entre los escritorios rivales se cortó con un feroz alarido. Era el redactor y director de la revista, Agustín Villarubia, que lo llamaba desde la puerta de su oficina. Hizo un ademán con la mano que significaba “ven” y Tomás obedeció. No le caía bien su jefe, pero era indulgente con su horario de trabajo de 3 minutos y a veces se preguntaba quién sino el vulgar de Agustín se lo permitiría. La respuesta: Todos se lo permitirían si escribía como escribía.


  • Sientate Tomás, ¿Un negrito?- dijo extrañamente amable. Nunca había tomado café en la oficina de Agustín.

  • No gracias, estoy bien así- Tomás luchaba para no sonar pedante, pero no lo logró- nunca tomo café antes del trabajo.

  • Lo que sea mientras me sigas echando esos cuentos.- acompaño con una risotada- Tomás, tenemos una nueva idea. Sabes que estamos haciendo una reestructuración total. La idea es hacer de cada número una edición especial en torno a un concepto. Hey, una idea bien fumada pero lo que funciona, funciona ¿Cierto?- sin esperar respuesta, continuo- Bueno el primer número es “Inspiración”. Bueno tu sabes, fotografías, artículos, etc., y un cuento especial de Tomas Rodríguez. ¿Qué tal?


A Tomás no le parecía ni bien ni mal. Nunca había escrito por encargo, pero que importa, se dijo así mismo, la plata es la misma.


  • Bueno, sí, esta bien- afirmó. - no tengo rollo alguno...

  • Bueno... “El Broche”, cambiando el tema, el que entregaste ayer, es muy largo Tomás... ya te dije que...

  • Sí yo se- Tomás interrumpió. No le gustaba esa crítica, siempre se lo habían dicho. Pero el no reparaba en eso... A veces pensaba que no era el quién escribía, sino “La Verdad”

  • Nada, lo tuvimos que picar en dos partes, una este mes, otro el mes que viene. Tienes dos meses para escribir “inspiración”, así que la espero en mi escritorio hoy, dentro de ¿qué? ¿5 minutos?

  • No, no sé- pensando en el halago poco disimulado y riendo- Cuando lo tenga te lo entregó.

  • Ok, ok... como quieras, no te tardes ¿eh? Anda arranca, y empieza a escribir.


Al ir al escritorio, Tomás se tropezó con una papelera. No sabía que tenía ni porque, pero se empezó a sentir mareado. No reparo en ello, debió ser el olor de la oficina de Villarubía, siempre impregnada de incienso. Al llegar a su puesto, empezó su ritual. Sí, saldría del cuento de la inspiración de una vez. Coloco sus manos sobre el escritorio, al lado de la máquina, y se concentro. No sabía muy bien como hacer, si pensar en la inspiración o en un objeto que tuviera algo que ver. Ahí comenzó todo.


En lugar de la paulatina relantización del universo, sintió una pasta en la boca. Las nauseas comenzaron rapidamente con un reflejo, pero paró. “No me siento bien” pensó pero tomo aire rápidamente y se decidió a continuar. De repente, un espasmo involuntario comenzó a subir por sus piernas, como un terremoto increíble, lleno de dolor. Sin percatarse todo su cuerpo temblaba irremediablemente, músculos completos y empezó a tumbar los implementos de oficina mientras todos veían sin poder hacer nada. Tomás cayó al suelo sin poder controlar su cuerpo, y el mundo que veía empezó a convertirse en un corredor obscuro, desapareciendo poco a poco. Paró. Sus espasmos pararon también y la inconsciencia se apoderó de Tomás Rodríguez.


Tomás despertó desconcertado, en la camilla de una clínica. El seguro funciona, fue lo primero que pensó y vio acercarse a un medico anciano, con su bata que llegaba al suelo. Symon Drahomanov emigró a Venezuela con sus padres ucranianos a principio del año 58. Rápidamente, la memoria de la aldea en Khersonshchyna quedó atrás y se convirtió en un niño venezolano rubio que comía las arepas con la misma voracidad que las Varenyky de la abuela. Estudió en el liceo Fermín Toro y llego a la Universidad Central de Venezuela. Se graduó con un doctorado en neuropatía. Ahora se encontraba frente a Tomás Rodríguez.


  • Señor Rodríguez, le ha sido diagnosticado un tumor benigno en el lóbulo parietal derecho, justo debajo del hipotálamo- dijo sin rodeos.

  • ¿Que? ¿Que tan grave es?

  • No mucho en realidad. La biopsia indica que lo tiene desde hace mucho tiempo, quizás desde su infancia. Imagino que no había sido diagnosticado nunca.

  • No, no, por supuesto que no.- dijo Tomás. Claro que no, lo hubiera sabido desde hace tiempo

  • Correcto, no había tenido consecuencias diagnosticables por supuesto, es un tumor benigno muy raro, alojado en la zona que controla la percepción de nuestro mundo. Donde la información, presente y pasada se almacena y reacciona con lo que vemos diariamente. No es común pero ya puede quedarse tranquilo, ya lo extirpamos y ya esta Ud. en franca recuperación.


Tomás tuvo una revelación inquietante. Y en seguida, un temor. Sin mediar palabra dijo:


  • ¿Podré seguir escribiendo?

  • Pero por supuesto que si. Sus funciones cognitivas y perceptivas no han sido dañadas, tuve mucho cuidado con ello. El tumor salió de inmediato y no tuvo consecuencia alguna.


Esa respuesta era insuficiente. ¿Toda la inspiración, todo párrafo, cada palabra que escribió en su vida fue producto de una anomalía celular? No podía decirle a nadie. No podía pero... ¿lo había perdido?



Tomás salió de la clínica dos días después. El doctor Drahomanov fue claro, podría seguir escribiendo, su influjo creativo no había sido dañado. Pero no había sido capaz, por miedo, de afrontar su proceso, la verdad. En seguida, cuando llegó a casa, se sentó en la mesa del comedor, donde tenía una máquina de escribir idéntica a la de su oficina. Colocó las palmas de las manos al lado de la vieja tipeadora, y se concentró.


Nada. Nada pasaba, el mundo no se detenía, no veía colores brillantes. Los objetos no le hablaban y los datos no caían como cascadas a su lado, ni la caligrafía gigante le señalaba el título de su obra. Nada.


Fue así como la medicina moderna mató a la inspiración de Tomás Rodríguez.


La revista, bajo el titulo de “Inspiración”,salió al mercado. El cuento de Tomás, una retahíla de incoherencias sobre un gato parlante, fue reemplazado por un top ten de modas. “Modas que Inspiran” titulo nada inspirado. Tomás fue despedido luego de dos ediciones más. Sus dos últimos trabajos fueron entregados justo al cierre. El corrector perdió dos apuestas. El primero “La vida secreta de las polillas” estaba llena de errores y lugares comunes, el segundo no llegaba a dos páginas. Se llamaba “Descubre todo detrás de Marte” un copia y pega horroroso.


Tomás trabaja hoy escribiendo los textos detrás de las cajas de Conflei. Nunca supo por que, al pensar en inspiración, su tumor decidió abandonar su cerebro.


Adrián Hermógenes.


sábado, 6 de agosto de 2011

Reflexiones de una mañana de sábado en agosto

Una nueva entrada hoy, que tenía tiempo sin escribir. Cosas de este mundo que se nos va irremediablemente en una carrera contra el tiempo. Que me leas no es una prioridad para mí pero si lo haces, bienvenido. Hoy me levante, como muchos otros fines de semana, reflexivo. Reflexivo con mi alrededor, leyendo las noticias y reaccionando contra (o a favor) de ellas como toda persona, como todo hombre común.

En primer lugar soy hombre. Eso me determina en muchas formas. Es una responsabilidad ante un mundo en donde la igualdad de género es condicionada. Trabajar no es una opción es una responsabilidad, dulce si haces lo que te gusta, pero amarga si es en contra de tu voluntad. Segundo soy un hombre en Venezuela, cosa igual de determinante, puesto que ser hombre en Venezuela te obliga a ser asertivo, buscar el bienestar de quienes te rodean, ser responsable en perjuicio de que las arenas del tiempo te sepulten por completo en la total anonimia.

Eso me contrapone con una sociedad donde lamentablemente, destacar no es un camino real para ti, que debes conformarte con lo que haces, con lo que comes, con lo que te rodea, con tu salario, con tu casa, con tu realidad, que parece determinada de antemano. El recelo se regodea del éxito (o falta de él) y el éxito se te presenta como una quimera, alcanzable si has bajado la cabeza una cantidad de veces. Callar y callar, aceptar e irte a casa, como otro más en la masa, oprimida y desdibujada, carente de ambición (sana ambición, motor de vida) y conforme con su realidad.

Eso lo veo todos los días, gente humillada, gente con derechos que los embarga por un trozo de pan. No veo gente orgullosa, gente que quiere ser mejor. Veo gente empujada, triturada por un sistema que pregona que no existir es tu destino. Compra y compra, escóndete y enciérrate, no te hagas sentir, no dejes una huella, basta de filosofías que lo tuyo es contentarte con lo que tienes y se acabo.

Está falta de ambición es la que nos tiene, aún en el siglo XXI, sin un sistema de salud propio de un país humano, donde enfermarte es un contrato con la muerte, en donde abogados de pacotilla, sin recursos, negocian para mantenerte unos días más vivo. Un país en donde la gente inocente, trabajadora y honrada, vive encerrada en cárceles voluntarias y donde el malandro, culpable, vago y asesino es el único que camina por las avenidas como un ser libre y liberado por la indiferencia.

Un país donde la educación no es una herramienta de liberación sino de opresión, que te llena la cabeza de $ en vez de ideas, de creatividad. En un país donde una educación que te transforma de un ser bello en un monstruo calculador de ganancias, y que además, te cobra por mutilar tu espíritu y que se jacta de que este "privilegio" es para unos pocos.

Estas cosas las reflexiono siempre, siempre que camino por las calles de mi ciudad, me embarco en el metro y veo el rostro de la gente cansada al iniciar la mañana. Por la noche, veo gente abatida, derrotada, por que otro día pasó sin cumplir su promesa, otro día descargó su látigo sobre sus espaldas. Gente robada de sus sueños y de sus pertenencias. Gente enferma que tiene que trabajar para curarse, y curarse sabiendo que al despertar sano, te enfermaras irremediablemente. Ese es su destino. El pueblo es un eterno paciente, paciente espera a que venga algo que lo cure.

Ese "algo" nunca va a llegar a menos que nos demos cuenta de lo que merecemos. Merecemos menos retorica y más hospitales de calidad. Merecemos menos burocracia y más seguridad, menos barrotes en nuestras ventanas. Merecemos cultivar nuestro intelecto, sin más requisito que una sed de saber, un saber libre, sin ideología prefabricada, que oculte fines políticos y económicos para el beneficio de una élite ambidextra.

Merecemos vivir en nuestras propias casas, en una economía donde la iniciativa no sea confundida por explotación, donde podamos trabajar dando trabajo, donde el Estado sea fiel garante de los derechos económicos y que destrabe los nudos que no dejan que la productividad eficiente se convierta en herramienta de crecimiento para todos, sin explotados, sin mutilados.

Merecemos un país donde la gente cante en las calles, se divierta, sea feliz, donde la preocupación no sea un fardo pesado. Vivimos en un país, gracias a Dios, que es alegre, pero poco a poco esa alegría se transforma, con el pasar de los años, en desazón, en desilusión. Sólo los que no saben, los imberbes o jóvenes pueden vivir alegres, pero a medida que envejecen también lo hace su alegría y una hiel amarga sube por sus gargantas...

Mi principio es el de que las cosas que merecemos no existen aún y que debemos construirlo. Lo que nos merecemos, la posibilidad de que exista, está secuestrada por una élite de gente acomodada, sea por obra del garrote explotador o por el garrote legalizado de la acción de gobierno.

He visto muchos despotricando contra la educación privada (no la defiendo personalmente, la desprecio en realidad, aún siendo producto de la misma), contra lo beneficios mal habidos, contra los excesos, a favor del pobre que no tiene; que al terminar su discurso marchan como alegres faunos a los tugurios y restaurantes finos y que después de echarse los proverbiales "Palitos" va a buscar a sus hijos en exclusivos colegios y liceos de Caracas, liceos bilingües con clases de buenos modales. Se los llevan a sus exclusivos apartamentos del este y vuelve, fauno al fin, a salir en la noche, con vigilancia personalizada a vivir la buena vida, que no es lo mismo que el "Buen Vivir".

Esa hipocresía crítica al que no esconde su ambición de sibarita explotador, los "amos del valle" acomodados de siempre. Ellos por lo menos viven según su credo, los "hijos del gobierno" (los hijos de puta) viven como los primeros cristianos, profesando su religión escondidas en catacumbas descubiertas.

Quizás desvarío, y me pierda en lo que escribo... Ya no se cual es el punto de está entrada, así como no veo ya cual es el punto de vivir en este país gobernado por todos menos por nosotros. Si fuera así, tendríamos todos lo que nos merecemos en ver de ver a las élites no obtener lo que se merecen... Una soberana coñaza...

Que se yo... Voy por el café... avísenme si algo cambia


jueves, 3 de marzo de 2011

Y llegamos a Tripoli, hermano

La ola de revoluciones en el medio oriente, que comenzó su onda expansiva en Túnez, siguió por Egipto y Yemen y dio una vuelta de campana y cayó en Libia, para mi opinión tienen un mismo signo: El Cansancio. El cansancio de una población ascendentemente joven, de las mujeres, del pueblo cada vez más laico por la influencia de occidente y de las reglas punitivas en extremo del Corán, utilizado una y otra vez para manipular y subyugar a un pueblo en nombre de una élite política (sin persuadirme de que esta es, precisamente, la razón de ser del texto coránico)

Las potencias globales mueven sus fichas en el tablero. Hablan y callan de acuerdo a su conveniencia. A pesar del grito global “Mubarak Vete Ya” que en las calles de Cairo explotó, las potencias occidentales callaron, tácitamente apoyando a Hosni, buscando el acuerdo pacífico que mantuviera al dictador en el poder. Mubarak era garantía y muro de contención de Israel, ante un mundo árabe (no necesariamente islámico) pintado como un monstruo ignominioso a punto de devorarse a la nación judía. Probablemente seguirá siéndolo, a pesar de los gritos paranoicos de cierta corriente de derecha global.

Pero como callaron las potencias ante Mubarak, lanzan sus gritos desaforados contra Gadafi y la situación en Libia. Es increíble como “la comunidad internacional” (eufemismo para designar a los miembros permanentes del consejo de seguridad) ha amenazado y actuado en diversos foros para gritar, ahora sí “Muanmmar Vete Ya” junto con el colectivo libio rebelde.

Pero como las potencias hablan y callan, se sientan o lanzan cruzadas de acuerdo a su conveniencia, más cerca del Caribe, el presidente venezolano y su canciller, desgraciadamente, hacen precisamente lo mismo. Quizás en el caso de Gadafi el presidente haya sido más vocal, aparentando una amistad personal con el líder libio que, en la escena internacional (y más con Chávez) no valen tanto como las amistades de los demás mortales. Se hacen y se deshacen amistades tan rápidamente en estos días.

Pero con el caso de Egipto y Mubarak, toda la maquinaria propagandística del gobierno venezolano se lanzó directo a la yugular. “Mubarak dictador” “valentía del pueblo egipcio” “apoyamos al pueblo egipcio” y así increcendo hasta que el exhausto gobierno de Mubarak cayó, y los vítores y cantos por la libertad no se hicieron esperar por parte de los mismos que hoy niegan esa graciosa indulgencia al pueblo libio.

¿Qué cambia? obvio para todos que el Egipto bajo el régimen de Mubarak era (y probablemente siga siendo) ficha de los Estados Unidos en la región. Gadafi por su parte es todo lo contrario, un enemigo. Bueno enemigo descolorado y desatendido, que, a pesar de las burlas que suscitaron sus denuncias, se ve atacado en algunas ocasiones por Al-Qaida, igual que el poderoso imperio norteamericano.

Lo importante acá es que en lugar apartarse y neutralmente observar los acontecimientos, rechazando la injerencia extranjera y abogando por la integridad territorial de Libia (realmente, ¿Qué otra cosa podríamos hacer?) nos enfrascamos en la defensa de un criminal, que se hizo millonario con el dinero de los libios, que se hizo accionista del Juventus FC para que su hijo pudiera entrenar en Italia, que coloco bombas en aviones comerciales en Escocia, que no tiene rubor en bombardear regiones insurgentes “para asustar a los rebeldes” como otro hijo de Gadafi admitió (rampante nepotismo), en fin, un loco de carretera que obviamente es un enajenado mental.

No, en realidad Gadafi no se está defendiendo del imperio, (aunque no niego que sus manos estén de alguna forma) sino de su propio pueblo que se canso de tanta espera, de tanta ostentación de riqueza de un hombre que traiciono la esperanza de un país. Si Libia es hoy lo que es (con más sombras que luces) gracias a Gadafi, no es menos cierto que es momento de que los libios dejen de depender del “hermano líder” y elijan su propio destino.

Una democracia, con valores sociales, laica, que reconstruya y edifique instituciones fuertes y duraderas. Ese es el verdadero valor de las revoluciones árabes, lograr que una región atrasada y pobre por el nepotismo, dinastías familiares o por el yugo de la religión, florezca diseñando su propio destino. Pero apoyando a Gadafi y a su clan, en realidad damos una mala impresión. La impresión que no nos importa quién este contra el imperialismo, nosotros lo apoyamos

Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta

AH.

viernes, 11 de febrero de 2011

Hoy, junto al Nilo, algo paso. Pero pasó allá

En las riberas del Nilo, en El Cairo, un hombre que gobernó durante 30 años no lo hará más. Los Egipcios están acostumbrados a largos reinados (Ramses II gobernó egipto por 66 años) pero en la época del Twitter, Facebook y Google, 30 son demasiados. Y en realidad son demasiados, bajo cualquier standard.

En Venezuela, ambos bandos que pugnan por el poder, aplauden el hecho. Dibujan paralelas imposibles entre lo sucedido en la plaza de Tahrir, con sus propias historias personales. Pero en realidad, lo que ellos hacen y lo sucedido en Egipto es un juego político. Algunos están conscientes y otros no. Pero es un juego, simple y llanamente.

La oposición dibuja el paralelo imposible de que el pueblo egipcio; musulmán, africano y con 83.082.869 habitantes es igual al venezolano, católico, latino y con 30.102.382 habitantes. Lo único que se parecen ellos y estos es que usan las redes sociales. La lucha de la libertad del pueblo egipcio (con un presidente que gobernó bajo un decreto de estado de excepción de más de 20 años, apoyado en el brazo militar y de inteligencia y que deriva bajo el signo neo liberal) es igual a la venezolana (con un presidente electo, con una constitución que nadie niega y bajo un supuesto signo socialista)

El gobierno no se queda atrás en los paralelismos inventados. De nuevo, igualan todos los pueblos del planeta en una masa uniforme de gente pobre y con conciencia social (que el mundo sea en su mayoría pobre, no significa que la postura hacia la pobreza sea la misma, o por lo menos, la concepción de lo que ser pobre significa) Que los pueblos, estos pueblos, luchan todos contra el imperialismo, y que lo sucedido en Egipto es una manifestación de ello. Algunos osan decir, que el ejemplo libertario de Chávez está detrás de todo. Todo es, por lo menos, una falacia lógica.

La realidad en Egipto es distinta a los paralelos alocados. La gente de Egipto se canso de verle la cara a Mubarak, quiere espacios más flexibles para expresarse (más flexibles no más libres, por que el Corán censura más que cualquier gobierno sobre el planeta) y otro presidente, con otro plan y con un poco menos de corrupción (Mubarak es el hombre más rico del planeta, con 700 billones de dolares en diversas cuentas secretas en el extranjero)

No dibujemos paralelas, que nuestra realidad ya es lo suficientemente jodida para ponerse a buscar hermanitos gemelos. No me como el cuento de que vamos a ser como Egipto, en unos 20 años, por que en 20 años, estoy seguro, no estará Chávez ni su partido gobernando Venezuela. Aceptenlo. Este momento histórico, irrepetible como cualquier otro, tiene fecha de vencimiento. Por que ninguno lo es para siempre. Lo que quede, será objeto de estudio para nuestros hijos, sacaremos conclusiones, nos quedaremos con lo bueno y aprenderemos (dios quiera) de los errores. Y seguiremos adelante

A la oposición, les digo que muy arrecho que lleguen a algún sitio si no se quitan la careta de victimas de un tirano. Por muy jodida que este la vaina, por muy abusador que sea el poder (y todo poder es, por naturaleza, abusador) no estamos en una dictadura... NO LO ESTAMOS.
Trabajen, propongan y si algo nos enseñaron los procesos electorales recientes, quizás si se ponen serios, puedan, por que no, llegar al poder. Sólo acuerdense de su discurso y no hagan lo mismo que dicen que hace el gobierno, aunque se que este es un rezo para oídos sordos. Abusarán de su poder, por que eso hacen los gobiernos, es la base fundamental del Estado moderno, la medida en que abusa, es la medida de un buen gobierno civil. La violencia es la sangre (metaforicamente y literalmente) del Estado. Nadie quiere matarlo y no morira sólo.

Así que dejense de pendejadas. En Egipto, una nueva élite dirigirá los destinos del país africano. El pueblo nunca manda. Porque, realmente, hay más personas que prefieren obedecer. Ó más simple, si el pueblo manda, ¿a quién manda? Si todos son gobernantes, nadie lo es.

martes, 8 de febrero de 2011

Número 1

Acá estoy, amigo, para decirte lo que pienso. Aparte de profesionalmente en el pasado, nunca tuve mucha consideración por los Blog o por el Internet en general. Pero debo admitir que vivo en la era de la información sin escalas. Y no pienso abandonar este mundo, aún cuando se me muestre casi siempre escoñetado y sin sentido.

Pero no soy un pesimista. Al contrario, soy un enamorado de la vida y de lo que la vida brinda. Sé que es díficil, cuando tienes dos dedos de frente, ser una persona feliz con lo que pase a tu alrededor. Pero en realidad soy feliz. Vivo con una mujer maravillosa, quién me da las ganas de luchar todos los días. Cuento mís bendiciones y mis lamentos, de la misma forma que cualquier otro ser humano.

Por ello el titulo de este Blog. No pude pensar en otro, más que mostrarme cómo soy, un hombre común. 26 años llevo en este mundo, queriendo escapar de lo común, lo pedestre. Ya no más. Abrazo mi condición como quién se ve en el espejo, y ve al otro lado un ser corriente y ordinario. No puedo ser otra cosa.

En este blog, que no tiene tópico especial, hablaré de lo que me de la gana. Aunque me traiga consecuencias. Probablemente nadie lo leera, pero su tu te consigues con esta página oculta en el espacio infinito del internet, bienvenido. Espero te divierta, por lo menos, de mis desgracias y mis triunfos. Sí te divierten mis desgracias, enhorabuena, demostraste ser miembro de nuestra especie. Sí te divierten mis triunfos, sí te alegras por ellos, enhorabuena más todavía, demostraste ser un buen miembro de nuestra especie. Más allá, demostraste ser racional.

Algunas cosas que escriba parecerán crudas, rudas u ofensivas. Otras, a lo mejor, te parezcan cursis y edulcoradas. Me disculpo de antemano ante las dos cosas. Ser grosero y kitch son algunos de mis defectos. Pero ten en cuenta, buen amigo, que no pienso las cosas que escribo, como verás en algunos errores de redacción u ortografía, que seguro cometí mientras escribia esto. Sere un infractor recurrente de esas leyes, escritas por no se quién en no se donde. Lo que sí te prometo es que sere lo más claro posible, lo más honesto posible, lo más yo que pueda.

Cómo te dije, no tengo tópico ni tema preferido. Pero puede ser que hable de política. Hago mención aparte, por que tengo la dicha de ser venezolano y en nuestra tierra, la política es un tema peliagudo. Un tema espinoso en verdad, en donde familias y amistades se han roto por culpa de esa actividad humana, la ciencia de mandar y obedecer. No tengo la mínima intención de ser polemico, pero estoy seguro que no podre evitarlo, por que lo que diga en política ofendera a uno y a otros. Pero otra promesa (parezco político) es que trataré de ofenderlos a todos por igual que es una de las formas más honestas de pensar y hacer política.

Y una última cosa. Preguntame y dime lo que quieras. No me molestará nada, por que nunca te vere el rostro, ni sabre como eres, ni como piensas en realidad. Lo hermoso de esta válvula de escape es que puedo decir lo que quiera desde una relativa anonimidad. Obviamente uso mi nombre real, y algunos me conocerán, pero en realidad no veo posible que te conozca a tí, lector ocasional y sí te conozco, cuando me veas, comentame que piensas e invitame un café. Te lo aceptare, y podremos hablar de lo que quieras. Sí es de cine, estaré encantado.